Antes los niños no acostumbraban ir a la escuela. La familia era una organización de producción y se necesitaban todos los brazos posibles. La chacra, los animales y los oficios artesanales no requerían largos estudios sino práctica y experiencia. Recién cuando llegó la revolución industrial y con ella las fábricas, es cuando la familia empezó a enviar sus brazos fuera del hogar.
Pero la fábrica imponía reglas diferentes a un trabajo artesanal pues necesitaba que los obreros se presentaran puntualmente a trabajar, obedecieran órdenes sin chistar, se establecieran en jerarquías y se hicieran cargo de tareas monótonas y repetitivas.
Adicionalmente la familia del obrero tuvo que trasladarse del campo a la urbe y los chicos que se quedaban libres pues ya no había chacras que cuidar comenzaron a ir a la escuela.
En la escuela obligaron a los niños a vestirse de uniforme, a obedecer órdenes, a conocer las reglas de puntualidad y ascender por grados. Es decir dejaban a los niños preparados para la rutina de la fábrica.
Con el cuento de aprender historia, matemáticas o filosofía francesa, la escuela adapta el libre albedrío de los niños, les arranca la creatividad de cuajo, les quita la imaginación y los convierte poco a poco en zombies listos para servir en la fábrica y actualmente también para servir en las oficinas.
De esta manera tenemos a abogados, contadores, administradores, técnicos de computación, secretarias, mecánicos, jueces y sinfín de obreros manuales e intelectuales que sobreviven el día a día básicamente con una rutina diaria e insípida. Sus grandes emociones radican básicamente en lo que pueda hacer la selección peruana de fútbol para ir al Mundial o que regalo le tienen que llevar a si sobrina que ha cumplido quince años.
Con respecto al sistema en que viven saben que algo o alguien maneja el poder pero no pueden precisarlo con exactitud. Tampoco se preocupan mucho en averiguarlo pues consideran que la energía que precisan para alcanzar estados de vida mas elevados no se puede desperdiciar en tontas investigaciones tan intangibles como
Una buena prueba de esta filosofía consiste en ponerse a escuchar los avisos publicitarios de los institutos tecnológicos y hasta las universidades mas prestigiosas cuyos frases publicitaria van desde –“Sé tu también un ganador estudia en Clímax Computer” –hasta- “ Ta que nuestros alumnos salen mínimo como gerentes al terminar el último año”.
La elección es de cada uno, total uno puede elegir el confort que quiera y trabajar para tenerlo, pero mientras nuestras escuelas y academias formen alumnos memorioso que repitan como pericos conceptos y fórmulas matemáticas para poder entrar a una universidad que promete convertirlos en gerentes como mínimo pues nunca tendremos la oportunidad de desarrollar nuestra propia tecnología que nos independice de la obsoleta que nos mandan los gringos y los taiwaneses. Menos aún podremos algún día construir nuestra propia bomba atómica como debe ser el deseo de todo niño bien criado, decente y con harta imaginación. ¿Por qué creen que Szyszlo tiene que irse a Europa para que le entiendan sus cuadritos? O ¿Por qué creen que nuestro presidente no sabe ni su firma?
