Alfonso apoya a Ollanta por dar la contra.
No hay verdad mas exacta, no hay verdad mas potente, no hay estigma mas marcado que la contra de Alfonso contra todo aquel que le de la contra.
Todo empezó en un principio cuando ya los dinosaurios estaban extinguidos y el abuelo de Alfonso ordeñaba la vaca para que el niño remoje sus pan queques y vaya a estudiar al colegio fiscal del apu donde nació.
El abuelo bien claro le dijo que se iba un ratito al trono y que no agarrase a la vaca.
El predestinado niño Alfonso como era de esperarse no solo agarró a la vaca sino que la agarró mal y la empezó a ordeñar.
Entonces la vaca le dio la contra.
La contra era bien grande. ¿Alguno de ustedes ha tratado de patear la Tierra para aventarla mas allá? O bien ¿Ha habido uno de los que están presentes aparte de Fernando que haya intentado cabecear el planeta para meterle gol a los anillos de Saturno?
¿No?
Bueno, la contra que recibió Alfonso era mas o menos parecido. Se le borró el disco duro, se le cortocircuitaron las sinapsis y se le comenzó a columpiar el acordeón en plena maceta.
Pero después creció normal.
Solo que tenía un defecto, Quería devolver la contra. No importa como, algún día Alfonso se librará de su contra, mientras tanto la va devolviendo de a poquitos.
Le da la contra a la universidad, le da la contra al tráfico, le da la contra al Windows, le da la contra a las elecciones aunque hay excepciones.
A Nilton no le da la contra porque ese no tiene contra sino concha y a Fernando tampoco porque ese le devuelve la recontra. Con Cesar también es un poco difícil porque ese hace rato que va en contra y darle la contra a Dante es como cagarse echado y no ensuciarse.
Un día Alfonso por fin terminará de dar la contra, ese día ya no será el mismo. El Windows no se le colgará por cojudeces, los cajones de su cama ya no se parecerán mas a las farmacias de Emancipación, no pondrá los sloganes amarillos detrás de sus fotos, no mas llamadas de chicas que lo invitan a fiestas patronales interespaciales, ya no mas ventanitas y bragas, ni amanecidas chelisticas en esas tiendas de campaña llamadas pomposamente cebicherias al costado de la huaca de los olivos.
Un día cuando Fer lo llame para jugar fulbito Alfonso contestará:
- Un ratito que le voy a pedir permiso a mi flaca.
Ese día la contra se habrá ido para siempre.
No hay verdad mas exacta, no hay verdad mas potente, no hay estigma mas marcado que la contra de Alfonso contra todo aquel que le de la contra.
Todo empezó en un principio cuando ya los dinosaurios estaban extinguidos y el abuelo de Alfonso ordeñaba la vaca para que el niño remoje sus pan queques y vaya a estudiar al colegio fiscal del apu donde nació.
El abuelo bien claro le dijo que se iba un ratito al trono y que no agarrase a la vaca.
El predestinado niño Alfonso como era de esperarse no solo agarró a la vaca sino que la agarró mal y la empezó a ordeñar.
Entonces la vaca le dio la contra.
La contra era bien grande. ¿Alguno de ustedes ha tratado de patear la Tierra para aventarla mas allá? O bien ¿Ha habido uno de los que están presentes aparte de Fernando que haya intentado cabecear el planeta para meterle gol a los anillos de Saturno?
¿No?
Bueno, la contra que recibió Alfonso era mas o menos parecido. Se le borró el disco duro, se le cortocircuitaron las sinapsis y se le comenzó a columpiar el acordeón en plena maceta.
Pero después creció normal.
Solo que tenía un defecto, Quería devolver la contra. No importa como, algún día Alfonso se librará de su contra, mientras tanto la va devolviendo de a poquitos.
Le da la contra a la universidad, le da la contra al tráfico, le da la contra al Windows, le da la contra a las elecciones aunque hay excepciones.
A Nilton no le da la contra porque ese no tiene contra sino concha y a Fernando tampoco porque ese le devuelve la recontra. Con Cesar también es un poco difícil porque ese hace rato que va en contra y darle la contra a Dante es como cagarse echado y no ensuciarse.
Un día Alfonso por fin terminará de dar la contra, ese día ya no será el mismo. El Windows no se le colgará por cojudeces, los cajones de su cama ya no se parecerán mas a las farmacias de Emancipación, no pondrá los sloganes amarillos detrás de sus fotos, no mas llamadas de chicas que lo invitan a fiestas patronales interespaciales, ya no mas ventanitas y bragas, ni amanecidas chelisticas en esas tiendas de campaña llamadas pomposamente cebicherias al costado de la huaca de los olivos.
Un día cuando Fer lo llame para jugar fulbito Alfonso contestará:
- Un ratito que le voy a pedir permiso a mi flaca.
Ese día la contra se habrá ido para siempre.
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