miércoles, mayo 09, 2007

Cuando Fer entró a laSan Marcos




Cuando Fernando Mc Shuzungan entró a la San Marcos lo hizo con mas pelo, eso nadie lo duda, era el pelucón de la clase, su carácter era agradable y muy querido por sus amigos de la escuela cuzqueña de arqueología. ¿La razón? Le gustaba mucho hacer replicas de la fortaleza de Paramonga en el patio de la Cuatricentenaria.

- A sol llévese su fortaleza de Paramonga, a sol amiga, a sol amigo.

- ¡Qué bonita fortaleza! ¿Dónde queda Paramonga joven?

- Al norte señora entre Huacho y Huarmey.

A la semana se juntaba sus diez luquitas y con eso compraba shampoo Indola, desodorante Odorono y talquito para pies Luxor.

Su sueño aparte de terminar la universidad y por supuesto una inmensa fortaleza de Paramonga que le haga el pare al castillo de Windsor era conquistar a Adriana Gálvez y Monteagudo grácil estudiante de Ingeniería Genética de la magna San Marcos.

El sueño de Adriana en cambio era encontrarse con un mamut vivo de Siberia para estudiarlo pero fracasó en su intento de seducir a un estudiante ruso de intercambio que la lleve a las estepas soviéticas, lo único que conoció fueron las mesetas de un colchón paraíso super king size que el rojo de marras había estacionado en su cuarto de estudiante.

Un día cualquiera de esos que le suelen ocurrir de común a Fernando, Adriana pasó frente a él resbalando gracias al auspicio de una cáscara de plátano que el mismo había aventado despreocupadamente. Desafortunadamente al caer se golpeó la cabeza con una fortalecita de Paramonga y perdió el conocimiento.

Lo recobró al toque pero un poco fallado, la cabeza enorme de Fernando le tapaba la vista del cielo gris y por primera vez en su vida olió el perfume excitante del desodorante Odorono.

Una bonita amistad que se convirtió inmediatamente en romance nació entre ellos, el tenía dos bonitas piernas que mostrar y ella un macho cabrío en el pecho que exhibir. Tiempo después sus amigos los convencieron de que Fernando debería dejar de mostrar su piernas velludas y ella abrocharse la blusa que dejaba a media universidad tuerta porque resulta muy erótico por estas tierras mostrar el tatuaje de un macho cabrio entre dos tetas.

Fernando como siempre simpatiquísimo, cómico, alegre y la mar de buena gente iba a todas las fiestas de la universidad con Adriana y su faldita a cuadros corta, inclusive permitía que se tomaran fotos con ella y que usaran la falda de bandera contestaria en pro de los derechos humanos de los camellos kalaharianos.

Le había tomado mucha afición al yogurt Milkito sobre todo cuando jugaban a “ordeñar la vaca Victoria” o a “Corre que te pilla el toro Venancio” que era un pasatiempo mezcla de Jota aragonesa y carnaval surquillano por lo de la inflada de globos. Claro todo eso entre los dos solitos.

Un día el estudiante ruso de intercambio se enteró de que Adriana pasaba mucho tiempo con “el huevón de los castillitos” que era el gracioso título que el joven Mc Shuzunagan llevaba en la testa otorgado por la tuna de la San Fernando y fue al patio y le enterró la cabeza en una fortaleza de Paramonga recién hecha, luego quiso hacerle lo mismo a Adriana pero en otra fortaleza pero ella se negó rotundamente por lo que del coraje terminó de construir la edificación preinca encima del pobre Fer pero esta vez con concreto armado.


Por primera vez en su vida Fer tuvo miedo de un ruso, sabía que andar con Adriana le iba a costar un gran dolor y que dejarla le iba a dejar un gran vacío, la duda lo volvió huraño, para colmo Adriana le cambió el shampoo Indola por Alberto VO5 lo que le quitó la caspa, lo piojos y los pelos, probó usar un casco de marine norteamericano y llegar a la San Marcos de Noche. Peor, porque el ruso tenía unos binoculares infrarrojos que eran la muerte y los usó como supositorios razón por la cual Fernando puede ver de noche ahora.

Intentó dejar a Adriana, le dijo que no podía ser, que la desgracia los separaba y ella separó las piernas y juntos enfrentaron la desgracia, fue una noche genial pero al día siguiente el ruso lo chancó de nuevo.

Un día Adriana trajo una botellita misteriosa, un líquido transparente bullía en su interior, se llamaba ron o agua de los dioses, la primera vez que lo probó Fernando le salieron ampollas en el hocico pero era la herramienta para vencer al apolíneo, cuadrado y albo hijo de Pedro I el grande.


La Clausura de los juegos florales en el estadio era en realidad una gran bacanal donde cobraba hasta el más valiente, allí enfrente de todos Fer se presentó y retó al cosaco de marras a una lucha de igual a igual.

- Tu cosaco de mierda te bebes un cuarto de mi agua de los dioses cacique cien fuegos y yo me tomo un litro de tu bastardo y asqueroso vodka, si tu ganas te quedas con Adriana si yo gano me tiro a tu hermana digo… este me dejas de joder para toda la vida.

- Sale, og gran gata de alcantagdilla, dadme esa botella y apuremos la apuesta por el tranvía siberiano que me parió ¡Agchup! ¡Viva Lenin!


A la luz de las hogueras y a la sombra de los recuerdos atávicos de aquellos donde en la cueva no se salvaba ni el gato, la pálida faz alba del ruso cuya piel casi translúcida lo asemejaba a una estatua de jabón nivea apuraba la botella de Fernando quien a duras penas se empujaba el vodka.


Todos sabían que el ruso Dimitri tenía que ganar lo que nadie sabía era que el ron cacique tenía un poco de ese vodka que te aloca, vodka “Al Toque” un oscuro preparado que te bate el estómago como si fuera el trasero de Susy Diaz en plena tómbola fujimorista.

Cuando Fer terminó la última gota de vodka, el asunto ya le estaba empezando a gustar, en cambio el ruso había regresado a la infancia

- La, lari , Lara lalí, debochckas ricas ahí, la, lari Lara lalí, crobo rojo de sus grabchas, uno, dos, ultrasiete
- Lo mataste Fernando
- Que hiciste Fernando
- Métele el dedo en la boca para que aviente el trago
- Criba tu drobcho dedo o te recagcho maldito moloka drupa drupa, viva tu mama, viva tu papá que viva Ramón Castilla que liberó Troya. Money Toones, Nestyyyyyyy!!!!!!!


Fernando ganó pero a que precio, el ruso no se recuperó y quedó tarado de por vida, algunos profesores decían que lo enviaron a un campo de refugiados en Afganistán o que se volvió terrorista en la sierra central peruana, al final comentaron de que una familia ancashina lo adoptó y lo volvió ceramista en Barranco.


Adriana se perdió aquella noche infernal entre los tantos brazos y cuerpos afeitados que logró palpar y al revés de Fernando que apuraba las crueles gotas del cáliz de fuego, nunca más fue la misma y se separó para siempre de él.

Fer dejó de hacer castillos de arena, miuy herido trató de limpiar su amor por Adriana con el fuego continuo del vodka y después cuando se le acabó el dinero con ron nacional, no pudo más, se retiró de la San Marcos y no le quedó otra cosa que mandar suicidarse pero antes por siacaso probó ingresar a la Villarreal.


Tiempo después Fernando, en su nueva universidad, paseaba por su nuevo salón, comía con sus nuevos compañeros y trataba de congeniar con el cañazo estudiantil cuando un fantasma apareció para cobrarse la revancha.

El ruso.

Apareció en el patio directo hacia él, musculado, albo, pétreo, entallado, cuadrado, felino, se abrió paso entre todos y uno a uno fue saludando a los villarrealinos, cuando le tocó el turno Fer se encomendó a los cielos, el ruso lo miró directo a los ojos y le dijo:

- Hola amigo, que tal mi nombre es Dante Mory, soy de Wari y me llaman el Número 10.

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